lunes 23 de noviembre de 2009

DEMASIADOS ENANOS...


En la localidad de General Rodríguez, cerca de la Estación, había también un Hospital Municipal General, cuyo Director era un gran amigo mío y muy destacado cirujano general y especialista en Tórax, el Doctor Oscar Cassot. Este amigo era también cirujano del Vicente López y Planes, y muchas veces compartíamos la atención de diversos pacientes. Recuerdo que en una oportunidad se produjo un espectacular accidente en la Ruta 7, frente a la estación ferroviaria. De una camioneta semi destruída, sacaron a un italiano casi muerto, con múltiples heridas y fracturas, trasladándolo, los Bomberos, al hospital municipal. Milagrosamente consiguieron estabilizar sus parámetros vitales, comenzando una larga evolución con numerosas operaciones, realizadas por mi amigo Oscar Cassot.- Habían pasado más de seis meses, y me encontraba en mi Servicio, cuando recibí una llamada telefónica desde el hospital municipal. Era el Dr.Cassot que me pidió que cuando me fuera para Buenos Aires, por favor pasara sin falta por su casa particular, ubicada frente al hospital donde era director. La casa de Oscar era un hermoso chalet circundado de parque con plantas muy finas y césped inglés. Las paredes eran una combinación de piedras, madera, y grandes aberturas con cerramientos de cristal. El Porch era enorme y de diseño Californiano. Como yo había tratado al hijito de Cassot por una tuberculosis ganglionar, era habitual que pasara por su casa para el control, antes de salir a la ruta.- Ese día pensé que se trataba de lo mismo, y me dirigí a su domicilio.- Pero al llegar a la esquina, me llamó la atención la presencia, sobre la acera, de varias personas, todas vecinas de mi amigo, que reían sin parar.- Estacioné junto al cordón, y al descender del auto quedé paralizado, y mi colega me tomó del brazo, blasfemando, y me condujo hasta el hermoso Porch, de especial diseño, y me mostró algo increíble- Puestos en fila, uno junto al otro, se podían ver 12 enanos de cemento, de una estatura aproximada de 90 centímetros cada uno, con gorritos, pipas, palitas, carretillas, etc. Estupefacto, miré a mi amigo, y me dijo que se acababa de enterar que el tano maldito fabricaba enanos para jardín de todos los tamaños, y que, si eran distribuídos artísticamente iban a quedar “10 puntos”, y que como el parque era grande, si quería algunos más le avisara, porque su fábrica quedaba muy cerca, en Luján…

Mi colega me preguntó desesperado, qué podía hacer con esa porquería, ya que si fueran uno ó dos, podría simular que se rompieron, ¡Pero eran doce! Y entonces le dije, riéndome a carcajadas: ¡Decile que hubo una epidemia! Esta jugosa anécdota la disfrutó todo el pueblo.-

JOTACET- 23- NOVIEMBRE- 09-

domingo 15 de noviembre de 2009

UNA COSA DE LOCOS...



Estaba ubicado en la calle Vieytes, a la vuelta del Rawson, y ocupaba muchas hectáreas.-

Antiguamente se llamaba Hospicio de las Mercedes, y muchos años después cambiaron su nombre por el de Hospital Borda. En 1958, con mi amigo Horacio Marino, decidimos dejar el Rawson, para hacer guardia en el neuropsiquiátrico, y fuimos juntos, una vez más. Era nuestro nuevo desafío!

Nunca supe cuántas salas de internación tenía, ya que eran muchísimas, todas de Material con techos de tejas, con sus dos pisos. También había otras, de techo convexo, que eran semicirculares, y les llamábamos “los medios caños”, que tenían no menos de veinte camas, diez de cada lado, muy juntas, al punto tal que casi no se podía pasar entre ellas, y para evaluar a algunos enfermos, teníamos que subir a la cama por los pies de la misma. Les llamaban “barracas”, y generalmente albergaban pacientes con demencias epilépticas.- Muy frecuentemente, se armaban grandes trifulcas en esas barracas de epilépticos, vaya a saber por qué , pero nos llamaban y teníamos que ir muy rápido, ya que siempre había heridos, a veces graves.- Mi compañero y yo acudíamos a ese descomunal desorden, hacíamos abrir la puerta de rejas que se cerraba con candado, y habitualmente no había enfermeros después del mediodía, pero sí por la mañana. Era una época de escasos planteles. Nosotros nos teníamos que arreglar separando a los que peleaban, y tratar de evaluar a los heridos.-

Cuando la situación se ponía muy difícil, la guardia llamaba a la Policía Federal, entonces venía primero una dotación de bomberos del Cuartel Corrales, ubicado en la avenida Caseros, y comenzaban a tender las líneas de agua, “atacando” a aquellos pobres con sus proyectiles hídricos! Era un espectáculo digno de aquél teatro de operaciones.- En realidad, les tenían temor a los alienados, y entonces les arrojaban el agua como para dejarlos fuera de combate.- Cuando el operativo resultaba insuficiente, venía la Guardia de Infantería con sus conocidos carros de asalto, de puertas laterales, y bajaban también con temor, y empezaban a los palos con todo el mundo…- Luego se retiraban los Infantes y los Bomberos, y, como decimos los porteños todo quedaba hecho un quilombo, y nosotros dos solos, levantando a los más maltrechos y llevándolos a la sala de Cirugía para suturar sus heridas durante horas.-

Por eso, ante hechos similares, preferíamos prescindir de tal tipo de ayuda, y bancar todo solos, porque resultaba menos complicado!


Cerca de la entrada por Vieytes, estaba el Pabellón Lucio Meléndez, de asuntos judiciales, donde se internaban los pacientes que habían cometido delitos, casi siempre graves, y se estudiaba si eran ó no, punibles, es decir, en uso ó no de sus facultades mentales. Por supuesto que a veces había simuladores. El lugar era horrible, con celdas a ambos lados, y el griterío provocado por los alienados y por los que simulaban.-

Es sabido que los que se quieren hacer pasar por “locos”, generalmente actúan su papel con exageración, mientras que los enajenados de verdad, son más naturales, y su comportamiento patológico, resulta más coherente.- En ese Pabellón siempre existe custodia policial.-

Luego está el Pabellón de Neurología, cuyo jefe era el Dr. Orlando, con dos pisos con sus escaleras sin luz, por las lámparas eléctricas “quemadas”, llenas de lucecitas como luciérnagas, por los pacientes que fumaban a obscuras.- En esa sala, había un gran psiquíatra, el Dr. Coronel, que nos decía que no había que darles cigarrillos a los enfermos, que seguían pacientemente a todo el mundo, pidiendo tabaco, porque eran tantos que no dejaban trabajar. También nos decía que lo mejor era mostrarse enérgicos, para que no molestaran.- Una mañana entramos con él, y se le acercó un loquito, y con una sonrisa le pidió “un faso, por favor”! – El Dr.Coronel lo apartó secamente, y le gritó que no molestara. El pobre agachó la cabeza y se fué, y Coronel nos guiñó el ojo con una sonrisa.- Al rato, cuando el galeno volvía para salir de la sala, el paciente lo estaba esperando detrás de la puerta, y con un palo de escoba lo molió a golpes.- Por eso, creo que en la demencia no hay experiencia que valga, y casi todo suele resultar imprevisible.

Es mucho mejor, tratarlos siempre con la amabilidad que ellos merecen, ya que nuestro respeto lo captan inmediatamente.-

Enfrente de allí estaba el edificio de la Administración, con la oficina de Personal y al lado, la Guardia y el Servicio de Admisión.- Ese servicio, tenía una gran sala, con las camas donde permanecían acostados, algunos maniatados, que habían sido admitidos, pero al no haber todavía un diagnóstico claro, estaban en observación hasta que luego, oportunamente , se los trasladaba al servicio que correspondiera.- En la Guardia, había un Cabo enfermero, una camilla, un escritorio pequeño, y dos asientos. Cuando llegaba un paciente nuevo, a veces era traído por la policía, y en cualquier vehículo, a veces con chaleco de fuerza colocado. Había que sacarle el chaleco examinarlo prolijamente, sobre todo por si tenía lesiones, ya que solían “reducirlos” con fuerza y violencia. Se confeccionaba la Historia Clínica, se firmaba la recepción con todas las salvedades de cada caso, se retiraba la ambulancia ó el coche policial, y luego se lo internaba en Admisión ó directamente en algún otro Servicio, con las indicaciones que se estimaba pertinentes.- Si el caso se ponía complicado, por ejemplo por agresividad, además del Cabo enfermero, y el practicante, se pedía ayuda a dos personajes: Pedro y El Mono, que eran dos pacientes internados desde hacía mucho tiempo, que tenían una experiencia bárbara para esas circunstancias, y hacían exclusivamente lo que se les ordenaba…

Hacia la derecha estaba el Pabellón del Médico Interno, una especie de señor feudal, que estaba lujosamente amueblado, resabio de la época de la Sociedad de Beneficencia, donde casi todas las noches concurrían lujosos automóviles con importantes personajes, y organizaban la mesa imponente donde se jugaba Póker y otros juegos de azar. El personal, incluídos los practicantes, no tenían acceso a tal lugar, y menos a aquéllas reuniones. Al Médico Interno, sólo se le comunicaban las novedades telefónicamente.- Más atrás y por el ala derecha, se encontraba la Cátedra de Psiquiatría con su imponente Aula Anfiteatro, y el desfile permanente de alumnos para las clases teóricas, los trabajos prácticos, y los exámenes parciales ó finales.-

Al fondo de todo, de aquél camino interminable por esos senderos anchos, de tierra y cascotes, cruzándose con incesantes caminantes, ángeles sucios y miserables que gritaban, reían, y pedían incesantemente cigarrillos, se llegaba a un tristísimo edificio de paredes amarillentas y descascaradas que era el Pabellón de los practicantes de la Guardia.

Entrada ancha, sin puertas, Hall antiguo, desprolijo y sucio, con una vieja escalera de mármol desarrollada hacia la derecha. Arriba, en el piso alto, un pasillo transversal con las puertas de las habitaciones para los futuros médicos. Aquél pasillo, al final desembocaba en el Comedor, con una mesa rectangular muy grande, rodeada por sillas de madera bastante antiguas. Allí imperaba el silencio. En un extremo del comedor, había una pequeña cocina, donde se preparaban el té, café, ó mate cocido, y a veces también alguien cocinaba algo sencillo.- A mí me destinaron a la segunda habitación, partiendo desde el comedor. Tenía dos camas de una plaza cada una, que, como en el Rawson, compartíamos con Horacio Marino. Existía la costumbre y obligación de que los practicantes “decoraran” sus habitaciones con diferentes objetos, que tenían que ser Originales, y Robados ó Hurtados de lugares lo más insólitos posible.

Por los motivos mencionados, en la nuestra había una gran alfombra roja, antigua, que nadie recordaba quién la había conseguido, ni cuándo. Sobre la pared izquierda, se veía majestuosa una enorme cornamenta de un ciervo, que según los memoriosos había sido sustraída del Restaurante “El Cazador”, de la localidad de Escobar, en la provincia de Buenos Aires.- En la pared de enfrente, lucía un imponente cartel ovalado, de color rojo de 1,50 metros de diámetro mayor, que en letras blancas lucía las conocidas palabras COCA – COLA, y provenía de la cercana estación ferroviaria.

En las distintas ramas de la cornamenta antes mencionada, solían lucir colgadas, distintas prendas interiores femeninas, seguramente trofeos de batallas muy difíciles que habría librado vaya a saber qué Caballero, ya que cada habitación era ocupada, cada día de la semana, por diferentes profesionales…

También había un guardarropas, a la entrada, y a su lado uno se encontraba, sorpresivamente, con un poste de madera de color blanco, que con letras negras decía”Parada”, y más abajo figuraban los números de las líneas de transporte correspondientes. Era de destacar que dicho Poste estaba inmóvil, ya que había sido debidamente “amurado” al piso, que era de antiguo machimbre.-

Nosotros tuvimos cierto plazo para cumplir con las tradiciones nosocomiales, y entonces, Horacio se trajo de la estación Constitución un auténtico Farol, de esos que colgaban del último vagón de los trenes, y lo fijó a la parte interna de la puerta.- Yo, por mi parte, con una pequeña escalera, destornillé y extraje dos carteles, con los nombres de las calles Cuenca, el uno, y Avellaneda, el otro. Eran de chapa enlozada, pesados, de color azul y letras blancas, y eran de la esquina de la casa de mi novia. Los fijé a las paredes de la habitación, de manera que remedaran una esquina…

Detrás de las cabeceras de nuestras camas había una vieja ventana de hierro, desde donde se podía contemplar el patético proyecto de Holocausto, que nuestras ilusiones tratarían de evitar, para lo cual nos desayunábamos temprano, y comenzábamos la recorrida con todos los bríos.- Entre las camas y la ventana, había otro artefacto muy original. Se trataba de un gran barril de madera, prolijamente lustrado, que constaba de dos partes, una superior y otra inferior. La superior tenía una puerta convexa como el barril, que abría a la derecha, y su apertura arrastraba una especie de tabla cuadrada hacia fuera, sobre la cual se encontraba un tocadiscos eléctrico sencillo, de conocida marca.-

La puerta inferior era del mismo sistema, y al abrirla mostraba un compartimento grande y redondo, donde había numerosos discos de Tango, Jazz, y ritmos tropicales y Boleros. También tenía algunas copas a veces limpias, y botellas de bebidas alcohólicas, especialmente Gin, Whisky, y aperitivos.

El propietario del susodicho Barril, era un compañero, el querido Negro Baras, que hacía Cirugía en el Rawson, y guardia en el Neuropsiquiátrico. Así era de inteligente y bueno, como insólitamente travieso. Por supuesto que ocupaba nuestro bulín, otro día de la semana. Fuímos muy compinches, hasta que un tiempo después viajó a los Estados Unidos, a trabajar en serio en un hospital general, suburbano, y se enamoró de una enfermera negra, hermosa, con la que se casó y tuvo varios hijos. En una carta enviada a otro amigo, contaba que estaba muy feliz con su familia, pero que extrañaba nuestro país y la piecita famosa… El amigo común, Dr. José M. Bassaluzzo, en otra carta, le comentó que aquél histórico Barril había quedado a través del tiempo, en esa misma habitación, y se encontraba intacto, por su valor histórico dentro del Borda.-

Muy poco tiempo después, el Negro aprovechó un Congreso de Cirugía en Buenos Aires, se vino, y recuperó ese amado patrimonio. Se quedó muy poco y regresó con su familia. Un año después, con enorme emoción, los amigos pudimos tener en nuestras manos, hermosas fotografías que nos envió, donde estaba en su hermosa casa de California, abrazado a su hermosa esposa y sus bellísimos niños, cuatro y todos negritos.

Pero el broche de oro de esta historia, es que en una de las fotos, sacada en el gran living de la casa, el Negro, guiñando un ojo, y con el pulgar hacia arriba, señalaba el Famoso Barril, abierto, con el tocadiscos y las copas de licor ¡Toda una historia!

En el “loquero”, como le decíamos cariñosamente, hubo otros personajes inolvidables, yo diría inmortales. Tal, el caso de Don Pifano Capece.- Era un hombre alto y delgado, un Señor, que había sido Juez de Paz cuando le tocó “rayarse”. Siempre serio, con su traje azul, camisa blanca, corbata negra y sombrero gris obscuro.- Tenía un delirio sistematizado, sobre todo en temas sociales. Nos ayudaba a estudiar, leyéndonos en voz alta los distintos temas de examen. – Y esto se repetía durante horas, y con diferentes materias, algunas de las cuales le gustaban más que otras, por ejemplo Farmacología. Entonces Don Pifano se entusiasmaba y nos hacía preguntas, como la clasificación de los diuréticos, ó la de los purgantes salinos, y como esa materia hacía mucho que la habíamos aprobado, le pedíamos que nos leyera otra cosa, y él se ponía serio, se retiraba y nos decía que tenía que hacer otras cosas…

Un día le dije que a mí me gustaban mucho las milanesas, y como me quería de verdad, a partir de allí comenzó a hacernos milanesas en todos los almuerzos, y éramos dos solos, Marino y yo, y Pifano freía como 20 milanesas, y las ponía en la mesa en una gran fuente, muy contento.-Una mañana de verano, estaba el comedor lleno de moscas, que volaban alrededor nuestro sin cesar. Entonces le pregunté si se podía hacer algo, como encender el ventilador. Al instante, apareció con un aparato de Flit, y echó gran cantidad, de modo que esa nube impregnó la comida, y nosotros, resignados, nos servíamos las que quedaron abajo, así igual le dimos el gusto de comer…

En 1959 nos enteramos, por la historia clínica, que el Dr.Pifano Capece cumplía 25 años consecutivos de internación! Entonces, lo comentamos con los compañeros de la guardia, con los médicos antiguos, y con el Dr.Ipar, Director del hospital. La idea se fue gestando, y maduró, hasta que un día, se organizó un almuerzo al que concurrieron la mayoría de los profesionales que habían tenido algo que ver con el homenajeado. Se había colocado un pedestal de mampostería, sobre el cual, cubierto con unas telas blancas, se colocó una gran chapa de bronce que pagamos entre todos, y que decía: este auténtico homenaje al Señor Juez de Paz Don Pifano Capece, al cumplir 25 años ayudándonos a crecer como ciudadanos y profesionales. ¡GRACIAS! y la fecha.-

Entonces lo llamamos al comedor, lo recibimos con un cerrado aplauso durante el cual todos lagrimeamos, y pronunció un discurso el Director.-Acto seguido, tiramos de una cintita y quedó descubierta la hermosa placa de bronce, con el homenajeado realmente emocionado y estupefacto.-Fuímos desfilando todos, y algunos lo palmeaban y otros lo abrazamos y lo besamos, luego de lo cual nos sentamos a la mesa.- Don Pifano, repentinamente, se arregló su desgastada ropa, y arrogante subió a una silla y comenzó su discurso de agradecimiento- entonces se le disparó la Paranoia y siguió hablando sin parar. Los comensales, de los que ninguno reía, fueron terminando de comer y comenzaron a retirarse.- Finalmente, Marino y yo no conseguimos detenerlo, y decidimos esperar el agotamiento del Discurso de su Vida, y nos fuímos a la habitación a dormir la siesta…

Aquella fue la última vez que lo vi, y nunca supe qué habrá sido de aquél, mi Personaje Inolvidable!

Allá en el Hospital Borda, una tarde, mientras recorría los patios, vi a un personaje increíble, que yo imaginaba muerto hacía años. Se trataba del Loco Zamora, el diariero que traía La Razón todas las noches a mi casa, desde que yo tenía 2 años y hasta mi adolescencia. Era un muchachón buenísimo, que caminaba muy rápido, era un gran bebedor, y se lo escuchaba desde lejos cantar a viva voz, el tango “Muñeca Brava”. Siendo yo más grande, le pregunté porqué cantaba esa letra siempre, y él, borracho, me dijo que su mujer, a la cuál nunca le “había fallado”, lo había “adornado”, por eso él cantaba eso y buscaba el olvido de esa manera.-

Al reconocerlo, me acerqué despacito y le grité “¡Todos te llaman Muñeca Brava, porque a los giles mareás sin grupo! Entonces él se sobresaltó, me miró fijo unos momentos, y con una mueca de sonrisa, señalándome con el dedo, me dijo ¡Páez y Campana!- y entonces me quedé hablando todo con él, y lo volví a visitar todas las guardias…Pero ya estaba muy deteriorado, y con la “Payasa” cada vez peor…-Por eso, me faltó fuerza para volverlo a ver, y prefiero recordarlo, rebobinando la cinta hacia atrás!

Y algún tiempo después, decidí dejar el Borda, pero curiosear un poco más en la especialidad, y entonces, me fui al Neuropsiquiátrico de mujeres, es decir, el Hospital Braulio Moyano, que quedaba en el mismo barrio, en frente del anterior.-

Una vez allí, me dirigí al Servicio del Profesor Márquez, que constaba de dos plantas, repletas de alienadas. Luego de hablar un rato con el jefe, me aceptó y me pidió que fuera todos los días, de ocho a doce horas.

Allí el espectáculo era infernal, mucho peor que con los hombres, ya que la miseria física y mental, se exagera en el sexo femenino.- Estuve concurriendo por espacio de seis meses, y conseguí distinguir y estudiar muchas alteraciones endócrinas, casi todas las cuales coincidían con crisis maníacas muy desagradables.- Charlaba diariamente con el Dr.Márquez, que terminó de enseñarme muchos conceptos que yo ignoraba, ya que aquél hombre tenía sólida formación clínica, a diferencia de los demás.

Conseguí ayudarlo a sectorizar la sala, poniendo toda la patología especial, y la endócrina, en el piso superior, mientras las patologías de menor complejidad, ocupaban la planta baja.

También se desarrolló, bajo la dirección del Profesor Márquez, un interesante estudio sobre la incidencia de embarazos en las internadas, muchas veces oligofrénicas, y en importante porcentaje, provocados por pacientes del Borda, que de noche fugaban y saltaban los muros del B.Moyano, en sus escapadas sentimentales, para luego volver, con el mismo método, al servicio donde estaban internados…

Indudablemente, fue una experiencia que me ayudó a Crecer, en estos laberintos del llamado Arte de Curar, que yo llamaría ARTE de COMPRENDER a los demás…Así me despedí, no sin cierta nostalgia, de mis queridos enajenados, y en mi inquieto andar, pensé que yo, en realidad, quería ser Oncólogo, para lo cual, debería adquirir extensos conocimientos sobre los problemas respiratorios e infectológicos, y se pueden imaginar que comencé a mirar con simpatía hacia la avenida Alcorta , en dirección a Caseros, y caerán en la cuenta que me dirigí al Hospital Francisco Javier Muñiz ¿acertaron?

JOTACET- 15-noviembre-2009-

miércoles 11 de noviembre de 2009

ANÉCDOTAS DEL HOSPITAL P. PIÑERO


El hospital Piñero tuvo muchos personajes inolvidables, sobre todo en la guardia. Uno de ellos fue el Dr. Paschino que tenía un particular sentido del humor.- Era amigo de mi suegro, y era también el que me justificaba las licencias por enfermedad, cuando yo trabajaba en la Obra Social de Economía, así que tuvo que venir a casa en algunas oportunidades. Mi suegro siempre contaba que un día lo vió, caminando por la sala de espera de la guardia del Piñero, atestada de gente, al lado de un señor que parecía muy preocupado.- De pronto, el Dr. eliminó muy ruidosamente sus gases intestinales, y sin inmutarse, ante las miradas atónitas de la gente, se detuvo, y poniendo su brazo sobre el hombro del paciente, le dijo en alta voz ¡ya se le va a pasar, siga tomando los comprimidos una semana, pero no me abandone el régimen!, y entró en el consultorio…

El otro personaje del Piñero, fue un famoso cirujano, Jefe de Guardia, autor de un libro de Patología Quirúrgica por el que estudiamos casi todos los de mi época, que era autoritario. Se trataba del Profesor Igarzábal. En el Hospital, había un baño en el piso alto de la guardia, utilizado habitualmente por todos los integrantes de la misma.-Pero un día, se encontraron que el Dr. Igarzábal se había apropiado del baño, cambiándole la cerradura, y colocándole un cartel que decía “uso exclusivo del señor jefe”.- La indignación fue generalizada. Al día siguiente, uno de los practicantes venía para tomar la guardia a las 7 de la mañana, y al pasar por un baldío redondo frente a la puerta del Cementerio, en el que los tranvías maniobraban para volver a Villa del Parque, observó que en un palenque, estaba pastando tranquilamente un chivo. Su reacción fue inmediata, y desatando al chivo, lentamente lo llevó por la avenida Varela, y lo introdujo en el nosocomio. Les comentó su plan, y sus compañeros estuvieron de acuerdo por unanimidad. Entonces lo subieron cuidadosamente a la planta alta, trajeron un cerrajero que abrió la puerta del baño, e introdujeron al pobre chivo, cerrando nuevamente la puerta.- Luego arrojaron varios cohetes por una ventanita, dentro del toilette. A los pocos minutos llegó el Profesor Igarzábal, y, como era su conocida costumbre, abrió con su llave para hacer sus necesidades.- Como era de suponer, el chivo salió disparado hacia el pasillo de atropellada, y el jefe quedó literalmente sentado de culo.- Luego el animal bajó a los saltos la escalera, y recorrió bestialmente la sala de espera, haciendo que toda la pobre gente se arrojara a los costados, tratando de no ser embestida!

Hubo algunas otras anécdotas, algunas tristes, pero yo creo que las mencionadas pintan una época de alocada estudiantina, que finalmente no hacía mal a nadie, y toda la Gente, que ahora pretenden llamar “Demanda”, era bien y familiarmente atendida, además de participar de las diversiones. ¡Así recuerdo mi paso por el Bajo de Flores!

JOTACET- 11-NOVIEMBRE- 2009-

viernes 6 de noviembre de 2009

MAS RECUERDOS DEL HOSPITAL SANTOJANNI


Durante la década del ’70, toda la ciudad estaba convulsionada por la actividad de grupos guerrilleros, y la correspondiente réplica armada de las fuerzas de seguridad. Yo tuve que atender en mi guardia, a la madrugada, a un Cabo Primero de la policía, que resultó herido por un disparo de una pistola Máuser en la región lumbar izquierda. Este hombre pasaba caminando frente a un destacamento de la Caminera, en Avda. General Paz y Emilio Castro, en momentos en que eran atacados por elementos desconocidos, recibiendo el impacto mencionado. El policía presentaba cuadro de shock con profusa hemorragia interna. La hipotensión era extrema, y le dimos 4 unidades de sangre “a chorro”, mientras él recuperaba el sentido por momentos, pidiéndome que lo salváramos porque tenía dos hijos muy pequeños! Rápidamente lo trasladaron al Hospital Churruca, y supimos que la bala le había destruído prácticamente el riñón izquierdo, falleciendo esa misma tarde. Nunca olvidaremos el rostro de aquel padre desesperado, y vaya a saber qué fue de su mujer y sus hijos.-

Tuvimos otros casos peliagudos, como el de aquél Sargento Primero de la comisaría 42, que estaba interrogando a un conjunto de 9 menores en una esquina en la calle Cosquín, y habían revisado a todos y faltaba el último, el que extrajo un revólver 38 efectuándole 6 disparos a quemarropa, de los cuales 5 dieron en el blanco. El sargento era muy corpulento, y “se cubrió” con sus 2 enormes brazos, y al examinarlo comprobamos que todos los impactos estaban en una mano, ambos antebrazos y ambos brazos. El policía nos sonreía y nos decía que todos “lo cargaban” por ser gordo, pero se había salvado gracias a eso. Por suerte, no tuvo secuelas.-

En una de las esquinas del hospital, había un negocio de un muchacho que tenía fama de “encarador” y pendenciero. En su bolichito arreglaba radios, planchas, ventiladores, televisores, etc.- Un jueves a las 7.30 horas, llegué a tomar la guardia y encontré al Dr. Caudo con los demás integrantes de la guardia de los miércoles, que muy divertidos me dijeron: “estuvimos atendiendo al Guapo Lamparita”. Y me contaron que esa mañana bien temprano, el electricista había sido traído por unos amigos raros, a la guardia, por presentar intensas molestias en el recto .Cuando procedieron al exámen proctológico, se encontraron con algo realmente insólito, ya que el presunto pendenciero de Mataderos, tenía, introducida en el recto, una de esas lámparas que nunca sabemos para qué sirven, son cilíndricas y en su interior se ven filamentos que forman como una casita con unas láminas de mica. Tienen un culote con 5 salientes metálicos que habitualmente se enchufan en 5 orificios del aparato electrónico correspondiente.- Por suerte, el paciente tenía las patitas metálicas hacia fuera, así que le pudo ser extraído todo fácilmente. El mencionado cuerpo extraño quedó como trofeo en la vitrina de la sala de guardia, y de allí el apodo tan apropiado de “Guapo Lamparita”.- (a los pocos días supimos que se había mudado del barrio, ya que entonces los homosexuales todavía no eran exhibicionistas).- Este relato es Histórico, y no pretende discriminación alguna.-

El Santojanni tenía al frente una plaza con pinos, un mástil con la Bandera Argentina, y dos estatuas de bronce, una del General San Martín, y frente a ella, un Cóndor, que tenía cabeza como de pollo, siempre mirando al Libertador. A un costado, sobre Acassuso, en la mitad de cuadra, el taller mecánico de mi amigo Eduardo, que me “sacó la lengua” durante 10 años, porque le descubrí un Angioma sublingual, que nunca se lo dejó operar, entonces me lo mostraba siempre, para seguir la evolución.- Ganaba mucha plata, porque los médicos tenían coches bastante nuevos, pero Eduardo siempre les encontraba algo…Cuando yo empecé en el Santojanni, en la misma esquina, había dos comercios que fueron famosos : uno era una Empresa de Pompas Fúnebres, y al lado, una antigua Vinería que se llamaba “La Santojanni”. Ese barrio era un fenómeno.- El director, Dr.Scattini, un día me dijo: gordo, fijate bien cuando las visitas les traen las gaseosas a los enfermos. Si ves botellas de Coca Cola grandes, sacudilas, porque si no producen espuma, son de vino tinto de La Santojanni! ¡Ese Director resultó brujo! Y a los tuberculosos los conocía mejor que yo…

Se internaban muchos Bolivianos, y el interrogatorio era dificultoso, ya que en su mayoría hablaban Kechua ó Maimará. Por eso teníamos que utilizar a otros como intérpretes.- Casi todos ellos eran mineros, ó trabajaban abriendo caminos en Socompa y otros lugares de la Cordillera. Adquirían fibrosis pulmonares por aspiración crónica de polvo (neumoconiosis, silicosis) que eran progresivas, y según contaban ellos, y era verdad, se tuberculizaban cuando cruzaban a territorio argentino “para vivir mejor”!!

En el servicio de Oncología, atendíamos Araujo y yo, con la enfermera Ana María, que era cordobesa, de la localidad de Unquillo.- Además concurrían otros colegas, tales como el Dr. Luis Balbiani, José Tessler, y Juan Carlos Cervellino, todos los cuales fueron muy conocidos en nuestro medio.-

Una mañana tuve que atender a una señora muy agradable, de apellido Lovagnini, y un tiempo después conocí a los dos hijos, uno de los cuales era comerciante, y el otro Policía y Abogado, y se desempeñaba como Jefe de la zona de Junín.- Me gustaba charlar con él, ya que en confianza me comentaba cosas inéditas sobre el tema de la subversión. La madre evolucionaba muy bien, y le seguí haciendo los controles mucho tiempo, inclusive cuando pasé al Hospital de Oncología en 1977.-

Otro día, la enfermera Ana María me hizo pasar a una paciente de primera vez, que era oriunda de la provincia de Tucumán. Al ver la historia clínica, me entero que la señora se llamaba María Santucho, y que quería continuar su tratamiento en la capital.- Charlamos un rato, la examiné, y se me ocurrió preguntarle “qué se sentía al llamarse Santucho”. La señora me miró sin inmutarse, y me contestó: “lo único que se puede sentir, doctor, un enorme orgullo”.- Sucedía que ella era la madre de Santucho, el hombre más buscado por ser el principal jefe de la subversión en la Argentina. Por eso digo que la Providencia nos dá, a los médicos, la oportunidad de conocer a toda la sociedad, y poder escuchar todas las versiones de los temas más cardinales, lo que es nuestro inmenso privilegio! –

En el servicio de Oncología, los amigos del área de Mantenimiento, me habían instalado pequeños parlantes en la sala de espera, que permitían emitir música funcional, y con Araujo teníamos sendos grabadores estereofónicos de cinta abierta, con muchísimas horas de grabación, que era nuestro otro “hobby”, así los que esperaban lo hacían en un ambiente muy agradable.- Estos mismos amigos, utilizando materiales diversos, me fabricaron un pizarrón hermoso, pintado con esmalte Pizarra de color verde, que utilicé durante años, hasta que cerraron el Hospital para su remodelación, y entonces, como era mío, me lo traje a mi casa, y aquí lo tengo desde hace 25 años, con la satisfacción que en él, ahora dibujan y escriben mis nietos.- El día que me lo traje a casa, no pude menos que escribirle algo a ese ser que parece inanimado y que me acompañó tan profundamente hasta ahora.

VERSOS PARA MI PIZARRON DE ONCOLOGIA Julio C.Tagle-03-02-1977-

Antiguo pizarrón conglomerado
que con verde matiz fuiste esperanza
cuando en tu cara mostrabas la semblanza
de algún tema inquietante y ya estudiado.

Cuando en el frente, por tizas borroneado,
multicolores polvos exhibías
mostrando, siempre erguido y sin fatigas
Quién sabe cuántos dibujos delirados.-

Desde el somero plano de mi casa,
hasta el nucleico confín de Cromatina
vos tuviste Tritiada Timidina,
O los secretos de Inversa Transcriptasa.-

También tuviste de flores, el dibujo,
ó de escritores sus célebres palabras
E interminables fórmulas copiadas,
O algún refrán afín que nos sedujo…

Te llevaré conmigo adonde vaya
Porque Tú eres, tan sucio y arrogante
La esencia de mi alma de Estudiante
¡Y del sinfín del Saber, el Atalaya!

NOTA: la “timidina tritiada” es una sustancia utilizada en la investigación de citología .y la Transcriptasa Inversa, es una enzima cuyo descubridor mereció el Premio Nobel de aquella época.-


JOTACET- 06- noviembre- 09-

miércoles 28 de octubre de 2009

RECUERDOS DE LA CROTOXINA



Estaba transcurriendo el mes de Julio del año 1986.- El día 8 de Julio, exactamente, se presentaron tres médicos jóvenes en un programa televisivo de escaso nivel, que se denominaba “La Noticia Rebelde”, y que pretendía ser humorístico.- Los tres médicos en cuestión, manifestaron que estaban utilizando, dirigidos por un Investigador Mayor de C.O.N.I.C.E.T., un medicamento descubierto por aquél, y que curaba ciertos tipos de Cáncer en humanos, voluntarios, que se extraía del veneno de la víbora de cascabel.- Luego, concurrieron al programa que tenía Bernardo Neustadt, y volvieron a repetir semejante noticia.-

Mi pobre corazón dio un vuelco, ya que conocía a los tres jóvenes.- Se trataba de los Dres. Luis Costa, cirujano de guardia de mi hospital; Carlos Coni Molina, encargado de 5 camas de mi sala. El tercero era un barbudo médico venezolano, concurrente a la sala, que pasaba la mañana haciendo bromas y escuchando “Salsa” con un aparatito con audífono.-El único que era oncólogo y muy buen médico era Coni Molina, pero los otros dos, como decimos nosotros,”nada que ver”.-

A tal punto habían mantenido el secreto, que en el Hospital nadie sabía nada, y todos nos enteramos por los medios informativos.- Además, nadie podía entender que Luis Costa ó el venezolano Hernández Plata, estuvieran en un emprendimiento de investigación, ya que nunca habían participado antes, cuando tuvieron todas las oportunidades. Tampoco se comprendía la actitud de Coni Molina, que era instructor de residentes, pero en el conjunto era el único que podía despertar nuestra credibilidad.

A pesar de todo, sentí alegría por tratarse de jóvenes médicos conocidos, detrás de los que había un investigador importante.- Luego nos enteramos que ya estaban tratando a muchos pacientes con aquél “complejo enzimático”proveniente del veneno de la serpiente de cascabel (Crotalus Durissus Terríficus), que llamaban Crotoxina, y que se envasaba en dos misteriosos frasquitos que llevaban los números 1 y 2.-

El presunto medicamento se entregaba a los pacientes de una lista, que debían concurrir, ellos ó sus familiares, a un edificio ubicado en la calle Serrano, en Palermo, que pertenecía al Instituto de Neurobiología de C.O.N.I.C.E.T., dirigido por un conocido investigador, el Dr. Juan Carlos Tramezzani.- Producido el desorden imaginable, había avalanchas de público que no figuraba en la mencionada lista, y que pugnaba por acceder a tan “milagroso” medicamento. Ante tales hechos, el Dr. Tramezzani suspendió la entrega de “Crotoxina 1 y 2”, lo que provocó la indignación de la muchedumbre. Este fenómeno ocupaba todos los espacios gráficos, radiales y televisivos.-

En Julio de 1986, el Dr. Conrado Storani era Ministro de Salud del Poder Ejecutivo de la Nación, y efectuó la inmediata consulta a sus asesores, con resultado negativo, ya que se trataba de un producto de origen animal, del cual no había registros previos.- Con los Toxicólogos sucedía otro tanto, ya que entraba en juego una Toxina de veneno ofídico, que se obtenía naturalmente, y de la que se carecía del análisis cuanti y cualitativo de todos sus componentes.

Lo único que manifestaba la contraparte, es que se obtenían resultados inesperados en muchos pacientes neoplásicos.- Solamente entregaron, como única documentación científica, una publicación de muchas páginas que resultó ser una Tesis de Doctorado de una profesional bioquímica, de apellido Canciani.- El mencionado grupo, integrado por el Investigador Juan Carlos Vidal y los tres médicos jóvenes nombrados antes, habían tomado esa Tesis de Doctorado, le habían puesto una introducción, luego habían agregado unas microfotografías supuestamente realizadas por ellos, y a continuación habían agregado una especie de Normas para la realización de un estudio randomizado, y controlado, con 2 grupos de pacientes, A y B con todos los detalles terapéuticos y de evaluación y control de los resultados.-

El Señor Ministro de Salud, resolvió convocar una Comisión de Oncólogos de prestigio, que debía estudiar todo el tema y elevar las conclusiones a ese Ministerio.- Tuve el honor de integrar esa Comisión con otros 11 colegas entre los cuales estaban los Dres. Roberto Estévez y Abel Canónico, pioneros de la Oncología Argentina, y muchos otros viejos conocidos de la especialidad (en total éramos 12).- En la primera reunión en la Sala de Situación, nos entregaron un ejemplar a cada uno, de la tesis mencionada con sus otros agregados, pidiéndonos que la analizáramos debidamente.- Así mismo nos entregaron un listado de 83 pacientes, que integraban la lista oficial de los que debían continuar recibiendo ese compuesto, a quienes deberíamos evaluar por tandas, en el primer piso del Hospital Rivadavia, por el acceso de la avenida Las Heras y Austria.-

El material que nos habían entregado, era de contenido muy difícil de interpretar para los médicos, así que me hice asesorar por dos bioquímicos de mi mayor confianza, y así pude saber de qué se trataba todo el texto.- A los pocos días nos comunicaron que las microfotografías habían sido “plagiadas” de un libro de la Universidad de Denver, Colorado (U.S.A.). También nos confirmaron que se trataba de la Tesis de Doctorado, de una Doctora de apellido Canciani, es decir, que se trataba de un Documento Privado de esa Profesional, utilizado por otros inescrupulosamente.- Se le habían agregado elementos Standard de cualquier protocolo de investigación.-

También nos notificaron que todo lo actuado por ese grupo, no había seguido los pasos ni las sucesivas Fases de investigación, y se estaba experimentando en seres Humanos de manera totalmente irresponsable, violando las leyes vigentes en la República.-

Pero, a pesar de todo lo dicho, que es estrictamente lo que sucedió, en el medio de todas estas calamidades, se encontraban nada menos que los enfermos de Cáncer y sus familias, y toda la opinión pública reflejada en los medios de difusión. Y ya se efectuaban marchas los días jueves, alrededor de la Plaza de Mayo, con los enfermos pálidos y con alopecia, muchos en sillas de ruedas, acompañados por la compasión y el apoyo incondicional de las Madres de Plaza de Mayo.- La histórica Plaza se llenaba de pancartas que decían “Crotoxina Esperanza de Vida”, que era el slogan de una organización recientemente creada, que sin fines de lucro no escatimaba esfuerzos a favor de este fenómeno tan mal parido desde el inicio…

En ese momento, un periódico semanal de mucho prestigio, “El Informador Público”, dirigido por el famoso periodista Iglesias Rouco, explicaba el fenómeno Crotoxina, y daba todos los pormenores al respecto.-Tenía una columnista, la señora Marta Gavensky, que en cada número escribía importantes artículos denostando a los oncólogos, e inclusive me tocó también a mí, ya que creian que estábamos en contra de los enfermos.-Esa señora era portadora de esta enfermedad, y recibía Crotoxina hasta que el Dr. Tramezzani suspendió la entrega, y entonces se transformó en adalid de las víctimas, y expresaba su versión periodísticamente. Describía detalladamente lo que denominaba “La antesala de la Muerte”, refiriéndose a las salas de espera de los servicios de admisión, ó de terapia radiante, ó de quimioterapia, y contaba que había recorrido el Instituto Roffo y el Hospital de Oncología, desde que se enteró que tenía una neoplasia mamaria.- No se decidía a realizar el tratamiento ortodoxo, imaginando un sinfín de penurias, hasta que supo lo de la Crotoxina-panacea, y se entregó de cuerpo y alma a esa nueva aventura.-

Lo que Marta Gavensky ignoraba, es que su enfermedad estaba en un Estadío Inicial, y tenía todas las probabilidades de curación con el tratamiento Standard, pero la orientaron mal, y recurrió a lo incierto.

Así las cosas, el Ministerio, es decir, el Poder Ejecutivo, decidió llevar adelante los estudios, como dije antes, y comenzamos a citar y evaluar a los pacientes del listado.-

Si uno prestaba atención a los dichos y comentarios de la gente, resultaba que muchísimos mejoraban su apetito, el estado general, disminuían ó desaparecían derrames pleurales ó peritoneales, y algunos pacientes que estaban recluídos en sus camas desde hacía tiempo, habían comenzado a levantarse para leer los diarios, ó sentarse a la mesa para comer con su familia… y otros habían vuelto a escuchar música! La gente manifestaba una especie de euforia colectiva, al punto que algunos colegas decían que los frasquitos debían contener corticosteroides! Yo me opuse terminantemente a esa loca suposición, ya que la “euforia” de los esteroides dura muy poco, y además comienzan a manifestarse edemas y otros elementos iatrogénicos, lo que no coincidía con los casos presentes. Tal vez podía tratarse de cierto efecto “placebo”, pero lo dudo.

El verdadero inconveniente de la evaluación, es que se debe considerar la desaparición de lesiones medibles, ó la evidente disminución de tamaño de las mismas, y nosotros no podíamos comparar estudios comparables, ya que nos mostraban Radiografías simples, y el control posterior con ecografías, ó con centellogramas, y alguna tomografía computada de dudosa calidad. Por lo tanto, no podíamos sacar conclusiones valederas.- La euforia, el aumento del apetito, la sensación de bienestar, al no ser medibles, no sirven. La presencia de mayor ó menor cantidad de líquido en las cavidades, tampoco es utilizable.- Así que aunque se esté en presencia de un paciente que está mucho mejor, la medida de la remisión de enfermedad a veces es imposible.-

La evaluación debía hacerse, en los dos grupos de enfermos, durante 90 y 180 días respectivamente, y además no se podían repetir estudios complejos porque los recursos eran insuficientes, tanto los de los pacientes como los del Estado.-

Por otra parte, hubo 20 personas que citamos varias veces y nunca los pudimos evaluar. Es decir, que vimos a 63 de los 83 que figuraban en la lista.-

Cuando habían transcurrido 62 ( sesenta y dos) días desde el comienzo de nuestra tarea, el señor Ministro la dio por concluída, y comunicó por todos los medios, mediante la Resolución 47/86, que quedaba prohibida la aplicación, producción y distribución en todo el territorio de la Nación, del complejo enzimático denominado Crotoxina A y B.- Así mismo decía que esto se resolvía de acuerdo con el Informe Final de la Comisión de Oncólogos.- Abajo decía Firmado: y figuraban los nombres y apellidos de los 12, el mío era el tercero, debajo de R.Estévez y de R. Chacón, y luego los otros nueve miembros.- Es de hacer notar que no se mostraba ninguna firma, sino simplemente los nombres.-

Ese día, yo supe todo esto a las 06.00 horas, telefónicamente, por un llamado desde Radio Continental, del Periodista Rolando Hanglin, quien me preguntó si había leído los periódicos. Al hacerlo, me enteré que yo “había firmado” semejante informe! –

Los pacientes quedaron privados de aquello que creían era su última esperanza-Por entonces yo había tomado estado público, por atender amablemente a todas las personas que me consultaban, y me llovían los llamados de gente que me pedía que viera a su familiar, y le dijera qué se podía hacer. Fui a casi todas las direcciones solicitadas, y pude comprobar el deterioro paulatino de muchas personas, lo que me permitió ver la relación causa-efecto del mismo.-

Una paciente, la señora Amanda Odriozola de Arias, había sido sometida a una Histerectomía 5 años antes, por un mioma (tumor benigno). A los 5 años, comenzó con molestias y consultó a su ginecólogo, Dr. Juliáa, quien al examinarla tactó algo dudoso, y le indicó una tomografía computada de abdomen y pelvis, que mostraba una masa sólida donde antes había tenido el útero. La exploró quirúrgicamente, y, ante la irresecabilidad del tumor, (imposibilidad de extirpación), resolvió efectuar una biopsia amplia y enviar el material al anatomopatólogo. Resultó ser un Sarcoma Fusocelular de Pelvis. Es decir, un nuevo tumor, inextirpable. Le indicó terapia radiante, sin resultado, ó más bien, con leve aumento del tamaño.- Entonces le indicó lo que cualquier otro especialista hubiera hecho, es decir, Quimioterapia.- La paciente le preguntó qué opinaba del tratamiento nuevo con Crotoxina, a lo que el Dr. Juliáa le respondió que si hacía otra cosa que no fuera Quimioterapia, no volviera más a su consultorio.

La paciente desobedeció, se contactó con el grupo en cuestión, iniciando las aplicaciones de Crotoxina.- Poco tiempo después, al notar la mejoría y desaparición de los síntomas previos, decidió volver a la consulta con su ginecólogo.- Al verlo, le dijo que había desobedecido sus indicaciones, pero que le pedía por favor, que la examinara.- El Dr. Juliáa, que era su médico desde hacía mucho, la examinó y comprobó que no se tactaba la masa anteriormente comentada. De inmediato la llevó con su automóvil, al Centro de Imágenes, donde realizaron una nueva T.A.C.- Cuál no sería la sorpresa al ver que la pelvis estaba libre, y solamente se apreciaba un ligerísimo engrosamiento de la pared lateral de la vejiga, atribuíble a las aplicaciones de radioterapia recibidas.- Este caso lo evaluamos en el Rivadavia, y así como para unos era indudable éxito, para otros se dudaba de la histología, ó se atribuía a los rayos, y algún colega creyó ver el sarcoma, pero se trataba de la tomografía preoperatoria de la histerectomía, y lo que señalaba era en realidad el útero , que le habían extraído 5 años antes.-

Otro paciente, Oscar Navarrete, de Avellaneda, era portador de un cáncer del pulmón derecho, indiferenciado de pequeñas células.- Estaba muy mal, y por distintas causas realizó tratamiento con Crotoxina, luego de unas pocas aplicaciones de Cobalto, por decisión propia. Tenía 63 años de edad y era jubilado de SEGBA.- En forma casi inmediata se comenzó a sentir mejor, a respirar bien, y dos días antes que lo evaluáramos en la Comisión, había concurrido a una especie de Club de jubilados de esa Empresa, y había estado nadando sin parar y sin inconvenientes, muy largo rato, y con muchos testigos.- Al revisarlo lo encontré muy bien, y le pedí como cosa mía, que viniera a la clínica de Lavalle 1686 donde era Coordinador, y le tomé una Radiografía de Tórax, que resultó Normal.- Con mi automóvil lo llevé al Roffo, y le hicimos una T.A.C., confirmando la desaparición de las imágenes previas. Luego, en la Comisión se dijo que había sido por las 6 aplicaciones de cobalto recibidas el año anterior.- Me enojé con mis distinguidos colegas, y les dije que si con 6 aplicaciones de Cobalto se pudiera curar un cáncer de pulmón, yo no me hubiera pasado la vida confeccionando certificados de defunción para tantos pacientes, que habían recibido esa terapia en dosis totales.- Les recuerdo que, en aquella Comisión de Oncólogos Notables, el único especialista en Tórax era yo…Pero todos los días tenía que escuchar opiniones de algunos que realmente se comportaban como discapacitados, aunque no lo eran, pero parece que querían acomodar algunos resultados vaya a saber por qué! El señor Oscar Navarrete siguió muy bien hasta Febrero de 1987, en que falleció de muerte súbita.- Como era un domingo por la mañana, y el óbito se produjo en una clínica particular, sin cámara frigorífica, a pesar de los esfuerzos no se pudo realizar la autopsia que tal vez hubiera demostrado la verdad.

Otra paciente evaluada era la señora Inés Segade de Contarino, portadora de un cáncer de páncreas, comprobado en una laparotomía realizada en noviembre de 1985 por el Dr. Silvio Sajonia, en el hospital de Oncología. Cuando la evalué en agosto de 1986, el tumor era enorme, como de 20 por 20 centímetros.- Completamos la historia, y yo le dí un beso y me despedí hasta la próxima vez.- Pasó el tiempo, prohibieron la Crotoxina, y en marzo de 1987 vino a verme Coni Molina y me pidió que lo acompañara hasta Wilde para ver juntos a una enferma.- Cuando llegamos, con sorpresa ví que se trataba de Inés Contarino, quien ágilmente se desplazaba por la casa, y había preparado un postre para invitarnos. La llevé casi en el aire hasta el dormitorio, se acostó sobre la cama y la examinamos.- La tumoración abdominal ya no se palpaba.-Entonces me mostraron la T.A.C. realizada el día anterior, donde el tumor estaba “ausente sin aviso”, y solo se apreciaban pequeñas secuelas quirúrgicas anteriores. Inés seguía sana, 7 años después!-

Pero ya era tarde, y la suerte del caso Crotoxina estaba echada, igual que la de la mayoría de los pacientes.- Entre las personas que se conmovieron por este tema, hubo una señora que tenía una hermana empleada en el Registro Nacional de las Personas, que me hizo un obsequio insólito: se trataba de la copia de las partidas de defunción , y en esa larga lista figuraban los 20 pacientes que nunca pudimos evaluar.- Todos habían fallecido antes de que nos convocaran para estudiar la Crotoxina.- ¿Por qué?- Seguramente algún travieso engañó al Ministro haciendo una lista incorrecta.- Tal vez el Ministro no fue muy cauto.- Pero también cabe la posibilidad que las autoridades nacionales, preocupadas por otros temas, tal vez económicos, hayan hecho todo a la criolla, como nos sucede desde el siglo XVI, y en ese desorden, el tema de la Salud se les escapó de las manos!-

Cerca de fin de año (1986), se produjo un Juicio contra el Estado.- Había una señora portadora de un tumor maligno abdómino pelviano, que, agotada la cirugía y las terapias habituales, había recibido Crotoxina durante un tiempo. Parece ser que había mejorado, pero ante la Resolución 47/86, tuvo que interrumpir el tratamiento.- La hija, abogada, presentó un recurso de amparo mediante el cual el fallo ordenaba la provisión de ese compuesto a la referida persona.- El Ministerio no cumplió dicho fallo, y la hija promovió un juicio contra el M. de Salud Pública- El Juez actuante, Dr.Oscar Garzón Funes, decidió citar en testimoniales a toda la Comisión de Oncólogos.- Para el primer día me citó a mí, y 48 horas después, a todos los demás.- Me presenté en el Juzgado, y estuve prestando declaración durante 5 horas y media.-Hablé de todos los 63 pacientes estudiados, sus diagnósticos, la ubicación de las lesiones, y algunas características especiales. Además del Juez, había tres abogados del Ministerio de Salud, que habían presentado un listado de preguntas cada uno.


El Juez leyó la primera pregunta del primer abogado, y la calificó de “improcedente”.-Decía que yo explicara porqué, me había emocionado al mencionar a una mujer muy bonita, sin haber mostrado ninguna emoción antes, cuando me había referido a todos los otros pacientes. Solicité que se me permitiera contestarla, a pesar de ser Improcedente. El Juzgado me autorizó, y respondí que se trataba de una persona de sexo femenino, que no pertenecía al listado, que era hermosa, tenía 14 años de edad y podía ser mi hija. Tenía un cáncer de riñón con metástasis múltiples, y yo la había examinado en su casa a pedido de sus padres. Expliqué que durante mi declaración mi ánimo se quebrantó y necesité 2 minutos para recomponerme, porque ese mismo día, antes de salir de mi domicilio, me había llamado el padre de la criatura para agradecerme, comunicándome que durante la noche “habíamos perdido a la pequeña María Elena”.- También agregué que esa niña no había sido para mí “un caso”, ni un número de expediente ni de historia clínica, ni de D.N.I., sino una pobre adolescente muy enferma, que al verme había dicho : ¡qué suerte, este es el Dr. bueno que ví en la Televisión!.-Dirigiéndome al autor de la pregunta, le dije que si él me acompañara en esa tarea, como era muy joven, tal vez necesitaría unas horas para reponerse.-

Luego, cuando el Juez le pidió la segunda pregunta, aquél joven abogado respondió: no hay más preguntas (retirando el listado).-

El segundo abogado representante del Ministerio de Salud, de apellido Pierri según recuerdo, era de mayor edad que el anterior, y presentó un listado de unas 8 preguntas. La primera decía que cómo podía ser que, de 12 oncólogos todos prestigiosos, 11 vieran la cosa de una manera, y sólo uno la viera de modo diferente.- El Juez, Dr.Garzón Funes, también la calificó de improcedente, es decir que yo podía no contestarla, a pesar de lo cual pedí hacerlo.- Una vez que se me autorizó, le dije al autor de la misma : “Usted suponga que en la guerra un joven oficial vé morir junto a él a cinco soldados, que le piden que los salve, pero fallecen. El joven oficial deberá informar las cinco bajas… En la Capital, un oficial Superior reportará 5 bajas… Pero Ud. Cree que los dos oficiales interpretarán el caso de igual manera, uno en la propia trinchera y otro con fríos papeles?.- Cuando se le pidió que continuara, el segundo abogado dijo: no hay más preguntas, retirando su listado.-

Detrás de mí se encontraba una dama, abogada del Servicio de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Salud, que era la Doctora Fourcade, a quien el Sr. Juez le propuso hacer sus preguntas, a lo que la Profesional contestó : no hay más preguntas…Entonces el Dr. Garzón Funes invitó a esos tres abogados del demandado, a pasar a un salón contiguo, donde se les iba a entregar todo el material correspondiente a los actuados.- Luego el Sr. Juez me saludó muy amablemente, mencionando mis comentarios sobre los pacientes, que coincidían con los datos que obraban en poder de la Justicia. También me saludó otro Juez presente, el Dr. Obarrio, y otro de Lomas de Zamora cuyo nombre no recuerdo.-


Yo había concurrido sólo con mis documentos de identidad, y todos los comentarios los había hecho basado exclusivamente en mi memoria, ya que había evaluado a todos los pacientes, y más de una vez.- Inclusive, muchas de las Historias estaban manuscritas y firmadas por mí.- Cuando me estaba retirando, se acercó la Secretaria de ese Juzgado, Doctora Cristina Lareo, y se ofreció a acompañarme hasta la salida, ya que el camino era algo complicado. En ese momento, me hizo saber que era la hija del Dr. Carlos Lareo, un excelente cirujano, amigo con el que habíamos cursado juntos la especialización en Administración Hospitalaria, y me hizo llegar sus conceptuosos saludos. Al pasar por el recinto contiguo, se encontraban los tres profesionales representantes del Ministerio de Salud, a quienes saludé muy respetuosamente. El primero, que era el más joven, me estrechó la mano calurosamente, haciéndome sentir muy bien. Luego se acercó el segundo, Dr. Pierri según creo, y me dijo que él tenía toda esa tarde para “responder” a mis largas declaraciones, lo cual le iba a resultar una difícil tarea, saludándome efusiva y sinceramente. Cuando estuve frente a la Dra. Fourcade, se limitó a darme un beso en la mejilla, y dijo “que Dios lo bendiga, Doctor”… Todo aquello fue exactamente lo que sucedió esa mañana, y que por supuesto me hizo saltar las lágrimas, igual que ahora, mientras lo estoy escribiendo.- Estos momentos son los que a Uno lo reconcilian con toda la Sociedad…!- Yo no sé si estos sucesos son comunes y frecuentes, pero pasaron tal cual los narro, y además me sucedieron así, y constituyeron una de las cosas más importantes de mi vida.- Simplemente por ser Médico y actuar de buena Fé.-

Dos días después concurrieron al mismo Juzgado los otros 11 componentes de la Comisión de Oncólogos.- Luego vino el Fallo correspondiente, a través del cual supimos que mis declaraciones coincidían con los sucesos conocidos por la Justicia, desde el número de pacientes examinados (63), hasta los demás actuados. En el caso de mis colegas, algunos no habían coincidido entre sí sobre el número de pacientes, y algunos mencionaban la cantidad de 83, que no era real, debido a los 20 que nunca vimos, etcétera.- Lo cierto es que se manifestó una disparidad de criterios, que no satisfacía a la Justicia.- El Fallo lo leímos todos juntos en la sala de situación del Ministerio, e inmediatamente originó el “desagrado” de mis colegas. A tal punto, que por primera vez en mi vida, quedé enemistado con el que había sido mi Maestro, Dr. Roberto Estévez.-

Nuestra enemistad, simplemente por no coincidir, se mantuvo durante 10 años, hasta que intervino un caballero, amigo común, que realizó la gestión para nuestro re-encuentro, que se produjo al día siguiente, en que, como dos personas inteligentes que además se quieren, nos dimos el correspondiente abrazo, y allí se terminó el mal trago, de 10 años de duración. Pese a lo relatado, no hace mucho falleció aquél hombre de bien, maestro excepcional, a quien todos los oncólogos le debemos nuestra formación.- Pero, como corresponde a empecinados médicos, él murió con sus convicciones, y yo quedé con mis dudas, que son tan saludables.-

Todos los sucesos de 1986, que además incluían opiniones totalmente inapropiadas de colegas míos, que habían leído algunos artículos tendenciosos en diarios oficialistas, pero que no entendían nada de mi especialidad, sumados a algunos que, habiendo integrado la comisión, comenzaban a dar “conferencias” en algunos hospitales, supuestamente aclaratorias, me afectaron realmente. Es el caso, por ejemplo, del Dr.Diego L. Perazo, que en una de esas reuniones en el Hospital de Clínicas, hizo una narración “sui-géneris”, comentando a su manera los acontecimientos, y dijo que todos estábamos de acuerdo, pero, al final,” Uno se nos dio vuelta” (SIC).- Tal vez, individuos como Perazo, intentaban confundir a la audiencia, al creer que disentir por haber evaluado bien todos los casos, era “darse vuelta”, cuando mi conducta había sido la más coherente y ética.- Además habían aceptado en forma sumisa la interrupción de las investigaciones a los 62 días de comenzar, en lugar de los 90 y 180 que se habían estipulado.- Individuos como éste, habían actuado Corporativamente, en vez de hacerlo honestamente. Ellos se habían “dado vuelta”, dando la espalda a la gente, sin pensar que algún día podían ser ellos mismos los protagonistas de semejante drama.

Y tanto me afectó la conducta de mis Distinguidos Colegas, que durante el transcurso del mes de Enero de 1987, sufrí un infarto de miocardio que por suerte no tuvo complicaciones, mientras estaba descansando en una casa que tengo en la Costa Atlántica. También supe que, cuando hay Stress con otros factores de riesgo como en mi caso, son peligrosas las emociones, tanto las desagradables como las agradables.- Y digo esto porque, el día antes del infarto, estando solo con mi esposa en la casa de afuera, se produjo un corte de energía eléctrica a las 22 horas del 17 de enero de 1987.- Encendimos velas, y puse a funcionar una pequeña radio a transistores, minutos antes de cenar.- Entonces sintonicé un programa que era de nuestro agrado : se llamaba Una Noche con Amigos, y su conductor era un tipazo, el señor Lionel Godoy. Comenzado el programa, el conductor comenta que ese día unos pacientes le habían entregado un ejemplar de nota que habían elevado a las autoridades nacionales. Sucedía que les habían comunicado que se iba a constituir un grupo de estudio por distintos especialistas, para reconsiderar el caso Crotoxina, en respuesta a los reclamos de ellos. En la nota, que luego pude tener en mis manos, los firmantes decían que solamente aceptarían tal Comisión, si en ella estaba el Dr.Julio César Tagle, que les merecía (a los pacientes) la más absoluta confianza. Y esa fue la primera emoción agradable.- El señor Lionel Godoy dijo que ese mediodía se había hecho presente en el Congreso de la Nación, donde estaban los señores diputados discutiendo “El Divorcio Vincular”, en extraordinarias. Dijo Godoy que había conversado con la señora Diputada, Dra Doña Florentina Gómez Miranda, del bloque de la U.C.R., y reprodujo el cassette, que en una parte la Dra. Gómez Miranda decía, con respecto a la Crotoxina y la nota de los enfermos, que ella había seguido el tema con mucha atención, y creía que “el Dr.Tagle era un profesional serio y muy ético”y a eso se debía la solicitud de los pacientes. Esa fue la segunda emoción agradable y muy fuerte.-Luego, el señor Lionel Godoy reprodujo la grabación de otro pequeño reportaje que luego del anterior, le había hecho a un Diputado del Bloque Justicialista, cuyo nombre lamentablemente no recuerdo, el cual, al mencionar este tema , dijo que él ejercía la Medicina desde hacía muchos años, en la localidad de Moreno, Prov. de B. Aires, y que opinaba que el Dr.Tagle era un hombre que había actuado correctamente, y que tal vez, en evaluaciones futuras iban a modificar ciertas cosas, y la modalidad iba a ser “antes de Tagle, y después de Tagle”.-Al escuchar semejantes cosas, a oscuras, junto a mi esposa, me puse a llorar deliberadamente, porque dos personas desconocidas y sin el menor interés, y nada menos que representantes del Pueblo Argentino, me hacían la Justicia que me habían negado mis ex – amigos y colegas.-Y esa fue la tercera alegría que, evidentemente, superó mi cupo de adrenalina.-(¡Gracias, Lionel Godoy! Esa fue, realmente, “Una Noche con Amigos”).-

JOTACET- 28-OCTUBRE- 09

miércoles 21 de octubre de 2009

EL HOSPITAL RAWSON DE BUENOS AIRES


En el año 1955, al fallecer mi padre, ya comenté que entré a trabajar en el sanatorio de la Obra Social, y toda su historia hasta abril de 2000.-Pero sucede que al cursar el tercer año, ya queríamos entrar a hacer guardia en algún nosocomio.- Con un compañero, fuimos al hospital Vélez Sársfield pero había que esperar mucho, porque las guardias estaban completas.- Lo mismo sucedía con otros lugares, hasta que un día otro compañero me habló urgente, y me dijo que existía la posibilidad de entrar nada menos que en el Hospital Rawson de Buenos Aires.-

Fue a mediados de diciembre del 55, que llegamos mi amigo Tito Livio Tassini y yo, a la guardia y pedimos hablar con el Dr. Souto, luego de lo cual nos dejaron con el encargado de la Asociación de Practicantes.- Una vez que fuimos aceptados, nos dijeron que comenzábamos la semana siguiente, como integrantes de la guardia de los sábados.-

El único inconveniente surgió cuando nos hizo la ficha y anotó los apellidos Tagle y Tassini, y al preguntarnos los nombres de pila, y decirle que yo era Julio César y el otro Tito Livio, se enojó porque creyó que lo estábamos cargando, y le tuvimos que mostrar las cédulas de identidad…

El sábado siguiente, al presentarnos, conocimos a nuestros nuevos compañeros: el practicante mayor, Dr. Calvo; los dos pr. Menores, Pigni Garsón y Beraldi.-Luego los tres Externos y los 6 “perros”, entre los que estaban Pochat, Mamanna, Horacio Marino y el alemán Günter Risse, el negro Jorge Abaít, y su primo, Cacho Abait, que con nosotros dos sumaban 14.-

En principio nos mandaron a atender el Consultorio de Curaciones, que estaba a la entrada del hospital, nos dejaron con una enfermera, y sin más, comenzaron a desfilar los pobres pacientes, que formaban una cola interminable en la calle Alcorta.- Todos tenían vendajes en diferentes partes de su cuerpo.- Nosotros mirábamos aterrorizados, y la enfermera nos señalaba el diferente contenido del carrito de curaciones. Ella les desvendaba un dedo, y luego nos daba el agua oxigenada, ó el alcohol, simple ó yodado, ó la tintura de merthiolate, con un hisopo, y nos dejaba solos cuando teníamos que vendarlos. El lío se armaba cuando venía uno con una cura plana en un ojo, ó por ejemplo, con toda la cabeza vendada tipo capelina. Entonces, poníamos cara de médicos, nos asomábamos afuera y gritábamos bien fuerte ¡a ver, una enfermera enseguida a curaciones!, y nadie nos daba pelota, y los pobres desgraciados gritaban porque tardábamos mucho, se les hacía tarde, y querían saber cuándo y quién les iba a dar el alta, porque se habían hecho una lastimadura insignificante hacía más de un mes, y seguían viniendo a curaciones cada 48 horas!. Lo que sucedía era que fuera el día que fuera, siempre eran atendidos por el más inútil e ignorante practicante de esa guardia…algunos no aguantaban más y puteaban implorando, ¡llamen a alguien que sepa algo, carajo!

Evidentemente, uno se iba fogueando en el difícil “oficio” de tratar de inspirar respeto.- Si estas cosas sucedieran en el 2000 ó algo más, donde todos creen tener solamente derechos, y te gritan en todos lados que ellos te pagan el sueldo, seguro que nos hubieran asesinado a todos hace muchísimos años…Por eso, todavía me da vergüenza recordar las miradas resignadas de la gente que era atendida de lo peor, y parecía que esa atención era un regalo de Navidad.- Y todavía nos traían algún presente, al darse cuenta que no éramos culpables, al no poder cambiar esas situaciones!

Una mañana, el Mayor nos ordenó que subiéramos, Tito y yo, a la sala de yesos de la guardia porque nos necesitaban.- Nos sentimos importantes, y al entrar a la misma, vimos que estaba casi todo el plantel, y entonces nos hicieron desnudar completamente, y con yeso nos hicieron botas, una especie de pollerita que usaban los romanos, un casco que era una artesanía, y un escudo de cartón todo forrado con yeso, y en la otra mano nos pusieron un palo muy largo (que se usaban con los plumeros), fijado con vendas enyesadas a los dedos, de manera que todo estaba muy fijo.-La pollerita tenía prolongaciones que pasaban entre las piernas, y nos mantenían en posición de pie con las piernas separadas. A las doce menos cuarto, nos llevaron a la entrada del hospital en sendos carros metálicos que se usaban para llevar los tarros de leche, y esperaron que dieran las 12.- El Rawson era un lugar al que iban cientos de visitas, que entraban en estampida cuando el portero abría las puertas al mediodía. Dijeron que iba a salir una ambulancia e hicieron correr al público para despejar la salida, y en ese momento, al abrirse las dos hojas, nos empujaron violentamente los carros hacia la calle.- Tito Livio tuvo la suerte que sus ruedas se trabaran con los adoquines del piso, y quedó detenido a 1 metro de la puerta.- Yo no tropecé con nada, y salí disparado hacia la bocacalle de la avenida Amancio Alcorta y Vieytes, entre las carcajadas de la gente y los bocinazos de los colectivos, automóviles y algún ómnibus.- Estuve así más de 20 minutos, sonriéndome estúpidamente para hacerme el canchero, y demostrar que estaba contento, y eso me valió que por soberbio me arrojaran entre cuatro, disfrazado de gladiador, dentro de la Fuente que había en la plaza de enfrente, llena de algas y otras miasmas putrefactas.-

Luego me llevaron a la guardia, donde me fueron quitando el yeso no con poco trabajo, y todos me aplaudieron por la hidalguía demostrada. Esta anécdota no hizo más que profundizar, de entrada, el humor, el compañerismo, y el espíritu de cuerpo que permite digerir las cosas desagradables verdaderamente, y los tragos amargos que hay que pasar a diario, a sabiendas que ha sido “adoptado” por esa comunidad tan particular…

Al poco tiempo, mientras íbamos aprendiendo ordenadamente todas y cada una de las tareas de la guardia, y ayudábamos a atender las emergencias dentro del hospital, me permitieron acompañar al médico de auxilios, el Dr. Sor, en sus salidas con la ambulancia.- Como era la primera vez, fue una experiencia inolvidable. Primero, asistimos a un domicilio donde el Dr. Sor resolvió una patología banal, algo así como un estado gripal, pero a mí me divirtió mucho.- Cuando estábamos regresando al hospital, con ganas de tomar café, por el equipo de radio nos pasaron una urgencia en la calle California, y desde la Central de la Asistencia Pública (en la calle Esmeralda), nos comunicaron que se trataba de un hombre “tirado en la vía pública”. Era de noche, y llegamos muy velozmente.- En la Capital se utilizaba mucho la tracción a sangre, y era muy común que las calles estuvieran sucias con estiércol de caballo. Al bajar de la ambulancia, vimos al hombre acostado sobre los adoquines, era morocho y tendría unos 40 años.- Había un gran charco de sangre, y presentaba una enorme herida abdominal, con exposición de vísceras.- Estaba muerto, pero aún caliente. A pocos metros vimos un bar, con algunos parroquianos conversando, y al interrogarlos nos contestaron que no sabían nada… A nosotros nos quedó la sensación de que posiblemente lo habían herido allí, y luego lo habían arrojado a la calle, dejando que se desangrara.- Casi al mismo tiempo llegó la policía, que terminó el procedimiento.- Esa noche no pude pegar un ojo, pensando en ese pobre infeliz, que se murió en medio de su sangre y la bosta…

Y así seguía mi actividad en la guardia, atendiendo muchos ebrios, asmáticos, politraumatizados por accidentes de tránsito, heridos durante peleas en los boliches de Constitución, que a veces llevaba varias horas la reparación de sus heridas, pero cada vez se ponía más interesante la tarea, a medida que se iba adquiriendo más experiencia…

Por la noche, seguía acompañando al Dr. Sor en los auxilios, y me encantaba recorrer esas calles, mientras él me daba miles de consejos, y trataba de explicarme todo lo que yo ignoraba. Una noche, recuerdo, nos llamaron de Central a otra urgencia, en la calle Iriarte, en un clásico conventillo. El asunto era en un altillo con escalera de caracol, en que se había producido un incendio por un calentador “Primus”, según referencia de los bomberos. Al subir la endeble escalera y llegar a los restos de ese altillo, encontramos un hombre viejo, casi totalmente quemado, estaba vivo, y como no pasaba nuestra camilla, lo bajamos en brazos, mientras se nos adherían trozos, lonjas de sus tegumentos, en las manos ropas, y ese terrorífico olor de carne quemada. El pobre viejito, se había quedado solo porque su hijo trabajaba, y el calentador había completado el desastre… A pesar de todo, lo trasladamos hasta el Instituto del Quemado, sito en la calle Viamonte y Uriburu, y llegó vivo, y me tomé a golpes con un mal nacido médico de guardia, al que, al pedirle que lo asistiera rápidamente, me dijo casi despectivamente que “no tenían ni una cama”.- Luego de los golpes que le propiné, junto con el chofer del Rawson, entramos con el paciente alzado y lo depositamos en la primera camilla que encontramos. Aquel cobarde había desaparecido, pero en su lugar vinieron otros integrantes de ese servicio, que en forma inmediata atendieron al anciano, que finalmente fallecería al día siguiente…Por supuesto, aquélla noche tampoco pude dormir, a pesar que el Dr. Sor, me prometía que “ya te vas a acostumbrar, Tagle”, aunque a estas aberraciones insólitas, no hay médico que se acostumbre!

En otra oportunidad, le pedí al chofer, el “loco Santín”, que se detuviera un minuto en aquél puente de la calle Ituzangó, que me llenaba de intriga, porque estaba sobre las vías del Ferrocarril Sud, actual Roca, y me extasiaba el humo de las locomotoras que se alejaban… El loco, que era un filósofo barato, me hacía el gusto, y me decía: ¡doctorcito, en esos trenes se deben alejar cada historias!, y me guiñaba un ojo, me daba una palmada en el muslo, y seguíamos para el hospital…

La tarea en el hospital continuaba sin pausa, era una vorágine casi permanente, y con mucha actividad quirúrgica.- No hay que olvidar que allí funcionaba, con todo, la inmortal Escuela Quirúrgica para graduados, que dirigían nada menos que los hermanos Enrique y Ricardo Finocchieto, que fueron los formadores de cientos de cirujanos famosísimos, argentinos y de todos los países limítrofes y no limítrofes.-La fama de estos brillantes médicos, no conoció fronteras, ya que también eran creadores de nuevo instrumental quirúrgico, así como de diferentes vías de abordaje en distintas situaciones, que eran rápidamente adoptadas por los más importantes centros científicos de todo el mundo. En ese ambiente sucedía todo, y también algunas cosas a veces graciosas.- Por ejemplo, don Enrique tenía la costumbre de operar, rodeado de médicos que observaban al Maestro, quien solía hacer, repentinamente, alguna pregunta dirigida a uno de ellos. Un cirujano muy amigo mío, que integraba el Staff, de apellido Gigante, fue sorprendido por una de esas preguntas: sucedió que el Maestro, lo miró fijamente, y señalando un elemento anatómico del campo quirúrgico de ese paciente, le preguntó: Dr. Gigante, díganos en voz alta, qué arteria es ésta?. Y Gigante, muy serio, le contestó, ¡La arteria de Finocchieto, doctor! El profesor le dirigió una mirada criminal, y le dijo ¡de dónde ha sacado eso!. A lo que Gigante le dijo: desde acá no se distingue bien Doctor, pero yo qué sé, si la mesa de operaciones es la mesa de Finocchieto, los separadores son los separadores de Finocchieto, y hasta el taburete es el de Finocchieto, esa arteria yo no veo cuál es, ¡pero supongo que con grandes posibilidades, puede ser la arteria de Finocchieto!

Entonces el Maestro, ante la sorpresa de los presentes, felicitó a mi amigo Gigante, y lo invitó a que llegara más temprano, así podía estar más cerca, mientras festejaba ruidosamente la ocurrencia…

En la guardia, todos teníamos que ayudar en las operaciones, y también hacer las anestesias más simples, con el antiguo aparato de Ombredanne, que seguramente muchos médicos más jóvenes no conocieron, ya que entonces, ya se usaban para cosas mayores los aparatos de “circuito cerrado”. A mí me gustaba la anestesiología, por lo que tenía en mi ropero, numerosos frascos de Éter, Cloruro de Etilo, Cloroformo, así como cajitas con ampollas de Flaxedil (curare, poderoso relajante muscular) y de sulfato de Atropina, que era su antídoto.-

En aquella época, década de los ’50, se había intensificado en Buenos Aires, el operativo policial correspondiente a la Ley de Profilaxis, y se reprimía el ejercicio de la prostitución y de la “Trata de Blancas”.- Por lo tanto, las patrullas policiales, a veces con automóviles no identificables, sorprendían a las prostitutas en pleno desarrollo de convenir las citas y los precios con sus eventuales clientes, en la calle, siendo detenidas y trasladadas a determinadas seccionales, donde las concentraban hasta llevarlas, al día siguiente, al Departamento Central de Policía, a los efectos legales de identificarlas, ficharlas por contravención a esa Ley, etcétera.- En la zona de Plaza Constitución, la comisaría 16 era una de las que concentraba a esas mujeres, en una especie de habitáculo prefabricado ubicado al fondo del patio de la misma.- Durante ese lapso, podía suceder que alguna estuviera enferma, realmente ó por simulación, y pidiera a gritos un médico. Si las circunstancias lo justificaban, se las podía trasladar al hospital, con la consabida custodia policial.- Una noche, me tocó a mí ir a la 16, y el Oficial Principal me hizo acompañar al fondo, donde un sargento custodiaba el referido habitáculo. Me abrieron el candado y me invitaron a pasar. En el lugar había cerca de 40 mujeres, en condiciones muy particulares, de pie, ya que no tenían asiento alguno, con el típico olor de la falta de higiene, y en medio de un griterío espantoso, me señalaron a la que había motivado la llamada: se trataba de una mujer de unos 40 años, sentada en el suelo, que me dijo que estaba “con pérdidas” desde hacía varios días, a pesar de lo cual seguía “trabajando” para que ella y su hijito pudieran alimentarse. Yo le dije que no se preocupara, que me la llevaría al hospital. Cuando las demás vieron lo que estoy narrando, otra se echó a llorar y me dijo que desde la noche anterior estaba con vómitos, y se sentía muy mal. Otra me imploró que la hiciera salir de allí, que no sufría de nada, pero tenía un nene de pocos meses, y la colega que se lo cuidaba quizás lo había dejado solo para salir a “trabajar”, y así sucesivamente…hasta que les tomé los datos a varias de ellas, salí inmediatamente al patio, y me dirigí a la oficina del Principal. Le dije que había 5 mujeres que debía trasladar en observación al Rawson, le entregué la lista, y las hicieron subir a la ambulancia.- Me dijo que en cuanto llegara el patrullero de la recorrida, me iban a mandar la respectiva custodia a la guardia.- Me despedí y partimos raudamente.- Al llegar a la esquina de las calles Salta y Caseros, hice detener el vehículo, y les dije que no éramos policías, y que las puertas de atrás estaban sin llave, ante lo que se “tiraron” de la ambulancia, y se alejaron de allí rápidamente, gritando ¡que Dios los bendiga!
En el hospital, le expliqué al médico interno lo sucedido, y entonces llegó el patrullero y el Jefe les informó lo relatado, y ellos escribieron a máquina la novedad, que caratularon“Fuga de 5 detenidas, cuando eran trasladadas al hospital”.- Luego firmamos todos y así “Santas Pascuas”… Esto se repitió algunas otras veces…

Las vivencias en el querido Hospital Rawson, con aquéllos jefes y amigos con los que compartí lo mejor y lo peor, fueron interminables, entre 1955 y 1958.- Y todo estaba condimentado con aquél escenario inigualable, de los adoquinados tan desparejos y tan bellos, y aquélla gente pobre, tan auténtica, tan agradecida y noble, mezclada con esa miseria digna que ostentaban las pobres prostitutas, los chicos de la calle, que ya estaban presentes en Constitución, y la miseria de los “chorros”, los malandrines que no habían aprendido otra cosa, y el gracioso hablar lunfardesco, que expresaba con esa terminología todas las ideas que producía su particular intelecto…

* * * * * * * * * * * * * * * *

Las vivencias de toda esa época, me inspiraron para garabatear algunos poemas que tratan de describirlas, utilizando su mismo verbo, tan simple.

* * * * * * * * * * * * * * * *

La Guardia del Rawson- Julio César Tagle- 20 de Diciembre de 1988-

Se escuchaba un sirenazo por la yeca,
De paredones grises, allá en Constitución,
Y paraba de golpe, en algún feca,
Por alguna “boleta” de ocasión –

Siempre era sábado bien de madrugada,
Que acusaba “amasijo” algún “piolín”,
Ó algún berretín “fule” en la busarda,
Ó algún “yeite” escabroso en un bulín.

También la “repartija” en un “chelibo”
Ocasionaba la llamada “posta”
Para llevar los restos de algún “vivo”
Que enfriaba el “carmín” sobre la bosta-

A veces un “comboy”, Vuelta de Rocha,
Con un geronte boqueando, muy quemado
Porque de frío, el “dolobu” y viejo “boncha”,
Con el “Primus” se había calentado…

A veces, era enfrente de la plaza
Allá en la “taquería” 16
Donde “guardaban” las de “bandera baja”
Y me llevaba “pupilas” cinco ó seis.

Las pobres “corraleras” simulaban,
Ataques, yo qué sé, de cualquier cosa,
Y a las 3 cuadras paraba la ambulancia
Y se “sarpaban” de la poderosa.

Barrio del Rawson, de piedras desparejas,
Perfumes del “loquero”, vecino del Muñiz,
Puentes con humo de trenes que se alejan,
Olores de curtiembres, de aquella edad Feliz!

Dicen que te cerraron porque estabas muy viejo
Los que nunca supieron de tu Ciencia sin fin,
Igual te reverencian cien barrios, donde hay “gratas”
Porque fuíste Academia Porteña, y cafetín!

JOTACET-21- OCTUBRE-09-

viernes 16 de octubre de 2009

EL ABRAZO ENTERRADO





Sábado, 1 Septiembre, 2007
EXTRAIDO DEL BLOG “ALBEDRÍO”-



A las afueras de Mantua, en Italia, un equipo de arqueólogos encontró, el 5 de febrero de 2007, los esqueletos de dos personas unidas en un abrazo que habían sido enterradas en el Neolítico, hace entre 5000 y 6000 años. El hallazgo se produjo durante la supervisión de los restos de una villa romana, encontrados en unas obras del barrio de Valardo. Se cree que los esqueletos corresponden a un hombre y una mujer, aunque todavía debe confirmarse. Debieron morir jóvenes, ya que conservan casi intactas sus dentaduras. Lo que hace especial este hallazgo es su postura, ya que es la primera vez que se encuentran los esqueletos de dos personas de edades similares abrazados uno frente al otro.La directora de las excavaciones, Elena Menotti, declaró que Es un caso extraordinario. No hay precedentes de un entierro doble datado en el Neolítico, y mucho menos de dos personas abrazándose; y éstos se están abrazando de verdad.He de reconocer que cuando los descubrimos nos emocionamos mucho, dijo Elena Menotti. He estado trabajando en esto durante 25 años. He excavado en Pompeya, y otros yacimientos famosos, pero nunca me había conmovido tanto, porque esto es el descubrimiento de algo especial.


Puede que los expertos jamás determinen la naturaleza de la relación de la pareja, pero Menotti apenas tiene dudas de que nació de un sentimiento profundo. Habrá que esperar a ver si los análisis de ADN arrojan alguna luz, pero aún se manejan otras hipótesis, la posibilidad de Romeo y Julieta es sólo una de ellas, dijo Menotti. Mantua está a sólo 40 kilómetros al sur de Verona, la ciudad en la que Shakespeare situó la historia de Romeo y Julieta. Es un descubrimiento muy emotivo, añadió la arqueóloga. Desde miles de años sentimos la fuerza de este amor. Sí, debemos llamarlo amor. Los esqueletos ya han sido bautizados como los amantes de Valardo y en algunos blogs presentan el descubrimiento como el abrazo eterno.

También será difícil para los científicos esclarecer la causa de la muerte a menos que fueran asesinados o murieran de alguna enfermedad, de forma que hayan quedado marcas en los huesos. No obstante ya se barajan algunas hipótesis, como que por ejemplo, que tras el fallecimiento del hombre, la mujer fuera sacrificada para ser enterrada con él. En cualquier caso, la opinión generalizada es que, estando en esa postura, los dos cuerpos fueron probablemente enterrados a la vez, lo que indicaría una muerte trágica.

A la altura de las cervicales del esqueleto masculino se encontró una punta de sílex. En el costado de la mujer, a la altura de sus muslos, se encontró un cuchillo. Se supone que estos instrumentos podrían formar parte de un ajuar funerario o bien que fueron empleados para causarles la muerte.
SILEX: Roca sedimentaria compacta, compuesta de CUARZO y Calcedonia, cuya elevada dureza la hizo ser material muy utilizado por el hombre primitivo. Calcedonia: variedad microcristalina, translúcida y compacta del Cuarzo.(N de la R: JOTACET)

Los dos esqueletos serán recuperados sin separarlos para exponerlos en el Museo Arqueológico de Mantua. Gentileza de blog Albedrío.


EL ABRAZO ETERNO

El placer o dolor de dos amantes
la duda que sentimos en su tumba…
neolíticamente sepultados
en un eterno abrazo de locura.

Neolítico significa Nueva Piedra,
Y es el comienzo de la Agricultura
Pues el hombre fabrica Herramientas
Más eficientes, filosas, y más duras…

Natura trajo tan copiosas lluvias
Que en esos páramos trajeron fertilismo
Y aparecieron nuevos comestibles
Que produjeron el nuevo Ruralismo…

Y la Mujer, como siempre, con la carga
Llevando la agricultura a cuestas
Siendo el burro de carga y desahogo
Sexual, cansada y somnolienta.

Y así me lo imagino en Mantua
Con el Silex y un cuchillo abandonados
Entre sus cuerpos y su vida en ascuas
Que los poetas llaman El Abrazo Eterno..!


JOTACET- 16- octubre- 09